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JUICIO A FEMICIDA, JOVEN VIOLADA EN HOSPITAL Y CAUSAS ARMADAS: VIERNES DE PROTESTAS EN TRIBUNALES

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En la mañana de este viernes fue una jornada cargada de manifestaciones sociales en la puerta de los tribunales de Quilmes. Allí hubo tres reclamos que convergieron en uno solo, dada la cantidad de personas que hubo allí. Se juntaron la familia de Alicia Vallejos, una chica asesinada en 2016 por su pareja en Florencio Varela, los familiares de la joven que fue abusada por un cirujano en el hospital Evita Pueblo de Berazategui, y los familiares de diversas personas consideradas como 'perejiles', dado que fueron detenidos injustamente por causas pesadas (robos, crímenes, tenencia de drogas y armas) que no estaban involucradas. Denunciaron a la justicia por armar causas contra ellos. 

El primero de los reclamos fue en el marco de la segunda jornada de audiencias por el femicidio ocurrido el 14 de agosto de 2016 por la tarde, en donde Vallejos fue encontrada con un disparo en la nuca y trasladada de urgencia al hospital Mi Pueblo, donde murió como consecuencia de las lesiones sufridas. El suceso tuvo lugar en una casa de Montserrat al 800, en el barrio Don Orione. El acusado, identificado como Mariano Fernández (31) con el que convivió unos ocho años, escapó a la casa de su tío situada en una torre de la Villa Los Eucaliptos, en Quilmes Oeste, donde fue detenido por la Policía. Según determinó la fiscal de instrucción, Gisela Olszaniecki, Fernández había sido condenado por dos hechos de "amenazas con el empleo de armas" hacia la joven y su grupo familiar. Ese miércoles se dieron los alegatos, en donde la fiscal Mariel Calviño pidió que el imputado sea condenado a prisión perpetua al dar por acreditado que mató a su concubina de un disparo en la cabeza y luego escapó. Ese día se juntaron los familiares de la joven. La sentencia se leerá este miércoles 17.

El segundo reclamo, se trató de un hecho gravísimo de abuso sexual ocurrido en la mañana del miércoles, en donde una chica sufrió una violación en el nosocomio berazateguense. Todo comenzó cuando la víctima fue la noche anterior hacia el centro Sábatto, en 14 y 131 por unos dolores abdominales. De ahí fue derivada al Evita. Allí, según sus palabras, entró a la guardia y recibió asistencia “me acostaron en una camilla, en uno de los pasillos. Ahí estuve toda la noche. En una camilla en un pasillo. Pedí agua y ni siquiera me dieron. Me decían que como supuestamente tenía apendicitis no me podían dar nada. Estuve toda la noche ahí hasta las 6 de la mañana. Durante la madrugada me hicieron algunos estudios. Me sacaron sangre y me hicieron un análisis de orina. Ahora que lo pienso nunca me dieron los resultados”, contó la joven en diálogo con Infobae. Y detalló lo que ocurrió luego, en las primeras horas del día: “A las 6 de la mañana llega este doctor, me va a buscar a donde estaba en la camilla. Le pregunté si me podían dar agua y me dijo de nuevo que no. Yo estaba sin comer ni tomar. Muy débil. Él se presentó como cirujano y me dijo que me iba a hacer un tacto rectal. Yo todavía tenía mucho dolor en el cuerpo. Seguía con dolores”. 
En su estremecedor relato, la víctima comentó cómo confió en el profesional. “Él me dice que lo acompañe y vamos caminando despacio. Yo no tenía fuerzas en las piernas. Voy con él hasta el consultorio número 3 que tiene dos puertas: una para entrar por la guardia y otra para hacerlo desde el hospital. Ahí es cuando entramos y vi que se pone los guantes. Tenía un par puestos y manipulaba un tercero. Me pareció extraño. Fue lo último que vi”, recordó.
En los minutos siguientes, el hombre continuó actuando de manera extraña y poco profesional, según recuerda ella: “Luego me dice que me acueste y me levante la remera. Me empieza a tocar la panza. Me hace presión. En un momento me aprieta y me dice ‘Uy ¿y esto?’. Pensé que se refería a alguna inflamación. Pero me dice ‘no no, el tatuaje’. Porque yo tengo un tatuaje en esa zona. Me dice ‘que lindo tatuaje’”. “Después me dice que me de vuelta y que me baje el pantalón y la ropa interior. Yo le hice caso porque hasta ahí era todo normal. Le pregunto si iba a usar vaselina y me dice que va a usar una crema anestésica. Me dijo que no iba a sentir dolor”, contó la mujer.
Posteriormente, todo se agravó. “Ahí es cuando el abusador me pone la crema e introduce sus dedos. Ese era el estudio, no me parecía raro. Pero de repente siento un dolor extremo. Automáticamente me doy vuelta y lo veo con los pantalones apenas bajos: tenía una erección y un preservativo puesto. Ahí lo empujé y quise pegarle pero no tenía fuerzas por lo mal que me sentía”, denunció la víctima.
“Empecé a gritar y ni siquiera sabía qué gritar. Afuera estaba mi mamá, que escuchó mis gritos pero como estaba la puerta trabada no pudo entrar. En ese momento él aprovechó y se fue caminando por la puerta que da a la guardia. Justo después de eso entró una enfermera que también escuchó los gritos”.
Apenas quedaron a solas las dos mujeres, la víctima le contó lo que había pasado. La enfermera le creyó y, quizás por experiencia, fue directamente al tacho de basura. Ahí encontró el envoltorio de un preservativo. Lo guardo en una bolsa cerrada. “Después empezaron a entrar enfermeros y doctores que solo miraban”, continuó. Cuenta la víctima que su madre logró ayudarla finalmente con el llamado a las autoridades: “Mi mamá llamó al 911. A los pocos minutos cuando llegaron los efectivos se pusieron a revisar todo el consultorio y es ahí cuando encuentran adentro del tacho de basura el envoltorio del preservativo”, remarcó.
Tras el hecho, el 'cirujano', un hombre ecuatoriano, fue detenido. La causa quedó en manos del fiscal Alejandro Ruggeri, titular de la UFI Nº 8. Por este motivo, su familia, acompañada por el MTD Aníbal Verón, marchó al juzgado. Su madre contó como fue el calvario que sufrió su hija, y detalló que está con asistencia psicológica y en estado de shock.

También, y por último, se hicieron presentes familiares de víctimas de diversas víctimas de 'causas armadas', que hasta hoy están procesados y/o detenidos. Entre ellos, los familiares de los detenidos que, presuntamente, están involucrados en el homicidio del joven Marcos Mendoza, ocurrido en Ezpeleta en 2018. Ellos denuncian que los dos mencionados (un hombre y una mujer) están presos injustamente, ya que en la noche del crimen no estuvieron allí, y que los testigos del hecho señalaron a otras personas que no era esa pareja. Presentaron pruebas pero fueron denegadas por la justicia. 
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